"Quisiera comentaros la experiencia que tuvimos algunas
personas de clase que asistimos a la antigua facultad de magisterio ayer para
proyectar los títeres que componen el manuscrito mixteco del ritual de la
lluvia. Todo estaba oscuro y de fondo sonaba una música de cierto toque
espiritual que transportó nuestra mente a un ambiente exótico. Experimentamos
una mística que, por el hecho de ser insólita, resulta casi imposible de
explicar con palabras. Al principio, Toño nos hizo una especie de bautizo: un
ritual de entrada al que se acoplaron bastantes participantes. Entre todos
nosotros, el único espectador fue Juan Pablo, nuestro profesor. Hicimos lo que
naturaleza nos dictó: corrimos, gateamos, bailamos en círculo, plantamos una
semilla cada uno, comimos maíz seco, nos echamos agua sobre las cabezas... De
todo eso, me quedo con el principio: con la sensación de incertidumbre, de no
saber qué me iba a ocurrir, de no saber qué iba a pasar en ese momento. De
hecho, me olvidé de los exámenes, de toda preocupación, mi mente se despejó y
no fui el único que lo notó: nos enfocamos en el “aquí y ahora” y nada más. Fue
extraordinario cuando Toño me ordenó que me descalzara, pues sentí en mis pies
tanto frío que parecía que estuviese en un río y el agua me envolviera
dulcemente. Fue fantástico, me encantó, y lo mejor es que todos sentimos algo
sin apenas decir palabra, tan solo valiéndonos de la imaginación y las imágenes
que esta nos regalaba."
Alfonso Moreno Lebrón
Podemos hacer una muestra cultural de este estilo. La idea de que realicen una tradición como esta, dar a comer, y que escuchen música creo que es una buena manera de que conozcan esta cultura de manera interactiva.